Historia

Historia de volteo de campanas

El sonido de las campanas está profundamente arraigado en la cultura británica. Casi todo el mundo en Gran Bretaña vive dentro del rango de audición de las campanas. Ellos proporcionan la gran banda sonora de los momentos históricos, que llaman en nuestras celebraciones y peaje por desgracia en la empatía con nuestro dolor.

El sonido agridulce de una sola campana o la majestuosidad de todo un repique, se ha convertido en parte del patrimonio Inglés y gran parte de la historia del país se puede rastrear a través de la historia de sus campanas.

 

Iglesia del Salvador (SEVILLA)

La iglesia del Salvador guarda un secreto que no se perderá gracias a la quinta generación de los Mendoza, que doblan o «voltean» a «Esquila», a «Porrón» y a «Campana de fuego», entre otras, cada vez que surge la ocasión. Las campanas del Salvador son como sus hijas, las cuidan con mimo y esmero desde el siglo XIX; y el campanario es su hogar, cuyo primer inquilino fue el bisabuelo de Antonio Mendoza Vázquez.

Con 59 primaveras a sus espaldas y tres hijos, Antonio es el encargado del negocio familiar desde 1968, cuando su padre, conocido en la capital como «El hombre mosca», murió. Con el paso del tiempo, sus tareas se han modernizado y diversificado, aunque siempre centradas en las labores propias de una parroquia. Funden campanas, las rehabilitan, instalan sistemas electrónicos en las campanas para ser controladas mediante órganos u ordenadores, megafonías… todo ello, logrando para cada templo un sonido único.

Juegan con la música con una sutileza extrema, algo que se observa en cada redoble, en cada volteo. Saltan por los aires con la única protección de unas cuerdas y su fuerza, para detener o avivar el repique de cualquiera de sus «hijas». Y el taller de apenas un metro cuadrado en la planta baja del campanario, donde se fundieron las primeras campanas de los Mendoza, ha dado paso a un gran almacén en El Castillo de las Guardas; surtiendo con su negocio a todo el territorio andaluz, a otras capitales españolas, e incluso, portuguesas. La firma Mendoza está plasmada en obras de restauración en las catedrales de Sevilla, Huelva, Málaga o Córdoba, elaborando campanas desde los nueve hasta los 2.200 kilos.